La temática de la temporalidad se destaca en la obra del filósofo germano-coreano Byung-Chul Han. El autor, al caracterizar la sociedad del cansancio, marcada por el exceso de trabajo y de consumo, y por la excesiva autoexplotación del individuo, discurre sobre la vivencia de un tiempo atomizado. Se trata de una experiencia que va más allá de la sensación de aceleración temporal, revelando una constante urgencia. En ella, el individuo realiza diversas actividades cotidianas, en las que una no se concluye antes de pasar a la siguiente, buscando alcanzar niveles idealizados de desempeño en las más variadas áreas de la vida.
En contraposición a esa vivencia, el autor nos presenta otra posibilidad: la vivencia en un tiempo que ya no es el de la urgencia y que posee otros ritmos. Se convoca un tiempo desacelerado, lento, en el cual el individuo disfruta de la realización de una actividad. Este es el tiempo de la contemplación, donde se percibe una especie de “aroma”. Desde ese lugar, el individuo convoca la experiencia de sentir el “aroma del tiempo”, metáfora utilizada por el filósofo.
En este contexto, la presente comunicación tiene como objetivo caracterizar el aroma del tiempo en la perspectiva de Byung-Chul Han. La investigación se conduce por medio de un enfoque cualitativo, a través de una revisión bibliográfica narrativa que se basa en las obras de Han, con especial atención a la obra El aroma del tiempo, donde realiza profundizaciones y reflexiones sobre las temporalidades de la sociedad contemporánea.
Tras la lectura del material en cuestión y considerando las reflexiones propuestas por Han, surgieron tres tópicos de análisis, que denominamos: el tiempo contemplativo y el aroma del tiempo; el aroma del tiempo y la producción de narrativas y sentidos para la vida; y desafíos al aroma del tiempo en la sociedad del cansancio.
Estos tópicos nos permitieron comprender el aroma del tiempo como un modo de vivir la temporalidad en un proceso de creación de realidades, de la vida y del presente. Es una experiencia en el tiempo que se configura como una forma dionisíaca de vivir, contribuyendo a la producción de sentidos y a una ética que desafía los valores de la sociedad del cansancio.