Los cruceros tienen como principio el desplazamiento más calmado, con el objetivo de proporcionar experiencias de viaje más agradables, diferentes opciones de ocio y relajación, visitas a distintos destinos y contacto con la naturaleza. Este trabajo tiene por objetivo reflexionar si los viajes marítimos en barcos contemporáneos podrían ser una opción de slow tourism. El pretexto de tener un ritmo más lento de viaje puede hacer que el turismo de cruceros se acerque a las definiciones de algunos autores sobre el slow tourism, como la importancia de la experiencia de viaje tanto en el destino como en el entorno; el viaje realizado con un ritmo y movimientos más pausados; estancias más largas; vivencia armónica con la naturaleza; etc. (Fullagar et al., 2012; Manthiou, 2025, p. 238; Manthiou et al., 2022, p. 3).
Entendemos que los yates o barcos de menor capacidad y tamaño, accesibles únicamente a un determinado público con altísimo poder adquisitivo, podrían aproximarse a la idea del slow cruise tourism, ya que las tarifas suelen incluir ítems adicionales (bebidas, excursiones, experiencias gastronómicas, etc.) y, en general, los puertos visitados están alejados del turismo masivo, lo que transforma esta experiencia de viaje en algo más completo. Sin embargo, los cruceros contemporáneos, que trabajan con el turismo de masas, están lejos de ofrecer una experiencia cercana al slow tourism, ya que el ritmo de la vida a bordo es intenso. Y este ritmo aumenta cuando observamos las prácticas promocionales que tienen lugar a bordo (Baptista & Brito, 2025).
Los grandes cruceros contemporáneos ofrecen a los huéspedes muchas opciones de compras y servicios adicionales, y el consumo es estimulado en todo momento por una tripulación que debe cumplir metas de ventas. Esta afirmación fue posible a partir de la observación participante, utilizada como metodología, en un crucero de 20 días entre Sudamérica y Europa, a mediados de 2023. Como organizaciones capitalistas, los cruceros se enfocan en las democracias maduras y capitalistas, cuyos consumidores están acostumbrados a vivir en entornos rodeados de promociones y estímulos, lo que aleja a este producto turístico de las definiciones del slow tourism.
Para generar más ingresos, las compañías marítimas suelen incluir días enteros de navegación, para que los huéspedes puedan relajarse y consumir más: cócteles, cenas temáticas, prendas de vestir, joyas, souvenirs, excursiones en tierra, tratamientos de belleza y fotografías son algunos de los ítems que pueden comprarse a bordo. Tripulantes de todos los departamentos participan en esta estrategia de mayor generación de ingresos, lo que, en nuestra visión, transforma a los barcos contemporáneos en máquinas de ventas, grandes centros de compras o incluso, centros comerciales flotantes. El propio ambiente del barco estimula el alto consumo, una visión opuesta a la que propone el turismo en un ritmo más pausado.
El turismo, en general y principalmente el turismo de cruceros, debe generar formas más sostenibles de consumo, no solo disminuyendo la emisión de gases contaminantes en la atmósfera, sino reduciendo el consumo desenfrenado de bienes y servicios, lo que contribuye a un ciclo permanente de prácticas que no son sostenibles – ni para el medio ambiente, ni para las sociedades en general, ni para las localidades que reciben el turismo de cruceros.
Las conclusiones nos muestran que los barcos contemporáneos de cruceros efectivamente no se acercan al slow tourism, pues son máquinas de promoción y ventas de productos y servicios, ofrecidos a un ritmo acelerado, en un ambiente cerrado y controlado, con el objetivo de alcanzar metas de ventas y obtener más lucro en cada viaje.