“A la conciencia regeneradora del todo”: Leonardo Fróes y la ética de la caminata contemplativa

Marcus Vinícius Lessa de Lima

La poesía de Leonardo Fróes (n. 1941) ha llamado cada vez más la atención del público brasileño desde la publicación de la antología Trilha (2015), que abarca casi cinco décadas de creación poética. Dos años después, el cortometraje Um animal na montanha filmó al poeta en su finca Petiterra, leyendo poemas entre los árboles. Gran parte del interés reciente por esta poesía se relaciona con la atracción que despierta la imagen que Fróes ha construido de sí mismo a lo largo de su carrera literaria: la de un erudito retirado en el bosque.

Este capítulo de su biografía comenzó en 1971, cuando abandonó una prometedora carrera como editor jefe en la ya extinta Editorial Bruguera y se mudó junto a su esposa a una finca en el distrito de Secretário, en la sierra fluminense. Aislados del ritmo acelerado de la vida urbana, reformaron la casa comprada, reforestaron la región (antes pasto de animales) y se dedicaron a la jardinería, horticultura y cuidados del hogar. Más adelante, la pareja volvería a vivir en la ciudad para garantizar la educación formal de sus hijos. Sin embargo, la finca nunca dejó de ser un escenario importante en la vida del poeta, convirtiéndose en un lugar de refugio durante gran parte de la semana y en un paisaje poético recurrente (en el sentido que Michel Collot da al término “paisaje”).

“Por la propia concentración diluida / en tranquilo deshojar de instintos, / no preguntando nada y entregándose / a la conciencia regeneradora del todo.” Con estos versos, Leonardo Fróes describe un instante de éxtasis: la disolución de la conciencia individual y la integración de uno mismo con los ritmos de la naturaleza circundante. En uno de sus ensayos, indica que este poema, titulado Desencorpando, pertenece a su serie de “poemas del bosque”. En algunos de ellos, la experiencia de fundirse con el entorno incluso trasciende las fronteras enunciativas, alcanzando una “tercera persona” difícil de identificar, “como si el practicante o autor de la experiencia fuera visto desde fuera por otros ojos u otros elementos en escena”.

El ensayo en cuestión se titula Um detalhe na paisagem (2017), título que remite a una experiencia retomada por otro ensayista, el estadounidense Wendell Berry (n. 1934). En An Entrance to the Woods (1971), Berry decía, según la traducción de Fróes: “como siempre que camino en el bosque, siento la posibilidad, la razonabilidad, la practicabilidad de vivir en el mundo de un modo que aumente, y no disminuya, la esperanza de vida. […] Cuando salgo de la extensión de piedra desnuda para entrar otra vez bajo los árboles, soy consciente de moverme en el paisaje como uno de sus detalles.”

Más allá del mero interés temático de sus poemas, Leonardo Fróes ha realizado un esfuerzo constante en el panorama literario brasileño contemporáneo en defensa de la caminata como ejercicio contemplativo. A partir de sus ensayos y de aquellos “poemas del bosque”, este trabajo pretende comentar cómo cierta tradición de “poetas del campo”, que Fróes reconoce como precursores, se cruza con otra igualmente revisitada por él: la de los “poetas caminantes”. Cronológicamente, esta herencia reivindicada comienza con el romano Juvenal y pasa por nombres tan diversos, histórica y geográficamente, como Bashô, Fagundes Varella, Robinson Jeffers, Thomas Merton, John Haines, Gary Snyder, el ya citado Berry, y la reciente inclusión de Alberto Caeiro, sobre quien Fróes escribió para una nueva edición brasileña de Poesia completa (2022) del heterónimo.

Más que una poética, se trata de una ética defendida por Leonardo Fróes: la caminata como actividad orientada a la contemplación del momento presente, cuando el abandono de preocupaciones y contenidos mentales da lugar a la plenitud del placer y al encantamiento de estar vivo.