En un tiempo marcado por la aceleración informacional, la fragmentación de la atención y la hegemonía de modelos comunicacionales verticales e inmediatistas, la comunicación comunitaria resiste como una práctica de informar, pero sobre todo, de cuidado. Este estudio propone una reflexión crítica sobre el papel de la comunicación popular y comunitaria en la promoción de la salud pública, a partir de una investigación empírica realizada en las ciudades de Goiânia (Brasil) y Oporto (Portugal). El objetivo fue comprender de qué manera estas prácticas comunicacionales —muchas veces invisibilizadas— pueden contribuir a la construcción de vínculos, la escucha activa y la difusión de información accesible y culturalmente situada.
El análisis parte de una encuesta en línea con 98 participantes y de una lectura comparativa entre los dos contextos urbanos, con base en indicadores de percepción, claridad y eficacia comunicacional. Los resultados demuestran que, aunque los medios digitales como internet son percibidos como eficaces, existe una valoración significativa de canales alternativos —como radios locales, redes sociales informales y acciones puerta a puerta— sobre todo entre los grupos etarios de mayor edad. Estos canales posibilitan una temporalidad comunicacional distinta, en la que el tiempo de la escucha, de la aclaración y de la construcción colectiva de sentido adquiere centralidad.
En este marco, se defiende que la comunicación comunitaria no solo amplía el acceso a la información, sino que también rescata el valor del tiempo compartido, del encuentro y de la construcción horizontal del saber —constituyéndose como un espacio de ocio activo y cuidado. En contextos de salud pública, estas prácticas se revelan esenciales para promover bienestar, confianza y alfabetización, operando en una lógica de desaceleración que desafía los modelos tradicionales de mediación informacional.